23. La educación es para todos: Guillermo Fernández.

El contexto:

Hablar de bondad también es hablar de educación. Porque cuando ayudamos a una persona a aprender, a descubrir sus capacidades y a abrir nuevas posibilidades para su vida, estamos realizando una de las formas más profundas de acción bondadosa. En México como en España y en muchos otros países, esta responsabilidad adquiere una especial relevancia: los resultados de las pruebas PISA 2026 muestran resultados alarmantes. Ante una realidad así, contribuir a la educación no puede ser tarea exclusiva de las instituciones educativas. Cada persona puede aportar desde sus conocimientos, su experiencia y su tiempo. La historia de Guillermo Fernández nos recuerda que, a veces, una hora compartida con un grupo de niños puede convertirse en una semilla capaz de despertar curiosidad, confianza y amor por aprender. Educar, en este sentido, es también una manera de cuidar, de servir y de transformar el mundo desde la bondad.

La entrevista:

Guillermo se ha dedicado toda su vida a la ciencia y la enseñanza. Ha sido director de múltiples instituciones de innovación, investigación y educación. Ha participado en numerosos proyectos para el ahorro de energía y el combate al cambio climático en diferentes países como México, Estados Unidos, Chile y Canadá.

Además, junto con Juan Manuel Gutiérrez Vázquez, fundó la revista Chispa, cuyo objetivo es despertar a los científicos y científicas internos de los niños y las niñas con novedosos temas, de manera didáctica y divertida.

Trajo programas de enseñanza de Estados Unidos a México y vive con el lema: “La educación es esencial.”

Su gran currículum puede parecer imponente e intimidante, pero su cálido estilo hace que cualquier persona se sienta intrigada y acogida. Antes de relatarme su historia, me preguntó genuinamente por la mía. Su pasión por la ciencia, la educación y la conexión humana se demostraban en cada palabra. La entrevista se convirtió en una divertida conversación: yo le contaba de mis estudios y él me enseñaba el Teorema de Pitágoras.

Por el amor a aprender:

Uno de los indicadores de que alguien está haciendo un acto de bondad extraordinario y viviendo desde la Grandeza es la humildad, el no creer que el propio proyecto sea suficientemente grande y “extraordinario” como otros piensan. Es el pemsamiento de que siempre puede uno crecer y dar más.

“Lo que yo hago no se puede comparar con todas esas historias,” me dijo Guillermo.

“Tendrás que convencerme,” le contesté yo y compartimos una carcajada.

No logró convencerme.

Guillermo vive en Tlacopac, una colonia en el sur de la Ciudad de México. Desde 2024, todos los martes a las 8:00 AM, va a la Escuela Primaria República Francesa, una escuela pública cerca de su casa. Ahí lo reciben niños y niñas de sexto de primaria (de 12 a 14 años), que forman un grupo de lectura que él lidera.

Durante la sesión, leen y discuten el material interesante que lleva Guillermo, todo con el objetivo de despertar la motivación y el amor por la lectura. Las lecturas suelen ser científicas, ya que tiene muchas ediciones de su revista específicamente para esa edad, pero siempre las elige cuidadosamente con sus alumnos en mente.

Además, en algún momento de la clase, sin falta, le gusta hacer una porra o cantar una canción. “Esto es para enseñarles a aprovechar el momento, ayudarles a ser felices.” Él cree que los niños y niñas deben aprender, pero siempre poder divertirse y motivarse por eso.

Aunque le encante transmitir el conocimiento, un desafío que él ha enfrentado es cambiar el la mentalidad y estilo de comunicación de un profesionista serio al de un maestro y amigo de los “chiquillos”, como él los llama con cariño. Se esfuerza en mostrarse más sencillo, coloquial y amable. Le es muy importante estar atento a las necesidades de todos y generar empatía. Lo que quiere es hacerles entender que lo que más vale son ellos y su desarrollo.

Todos merecemos una educación digna:

Cuando Guillermo era joven, pasaba junto a la Escuela de Derecho en su camino a la preparatoria y de regreso a su casa. En una pared de la universidad se podía leer:

“Nadie tiene derecho a lo superfluo cuando alguien carece de lo esencial.”

Al verla cada día, él reflexionaba y se le quedó grabada. La educación es una necesidad estricta, especialmente en la niñez, y hay pocas cosas que le llenen más de alegría, gozo y satisfacción que poder compartirla, motivar a los “chiquillos” a interesarse por aprender y verlos desarrollarse.

Hoy en día, Guillermo tiene 84 años y sigue poniendo su granito de arena en la educación de los niños y niñas de México—por muy pequeño que él crea que sea esta iniciativa. Él nos invita a vernos a nosotros mismos y a reconocer en qué tipo de actividades nos sentimos más cómodos, más plenos. Con eso, podemos buscar a personas que puedan recibir nuestro apoyo, con los que podamos interaactuar, aunque sea para brindarles una sonrisa.

En cuanto al miedo o vergüenza que podamos sentir, Guillermo dice: “Se te quita muy rápido.” El miedo se vuelve irrelevante cuando estamos esparciendo bondad.

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