05. Eloín: El hombre que aprendió a dar desde que no tenía nada. 

Porque el que aprende a dar desde niño… nunca deja de amar.

Vocación de Servicio

Eloín nació en un rancho, en una de las montañas cercanas a Ixtapa, en el Pacífico mexicano. Eran ocho en la familia y los recursos eran muy escasos. Tan escasos, que más de una vez pasaron hambre.

“Recuerdo que teníamos una vaca”, me contó Eloín un día, “y a veces apenas le sacábamos un litro de leche, que cabía en un tarrito de metal que teníamos. ‘Ve a darle a los vecinos la mitad’, me decía mi madre”.

Ahí empezó todo.

Porque cuando uno aprende desde niño a compartir lo poco, después en la vida aprende a darlo todo. Eloín no solo creció en la escasez… creció en la generosidad. Y esa combinación marcó para siempre su forma de estar en el mundo.

La vida lo llevó a Pacífica cuando el hotel apenas comenzaba a operar. Entró desde abajo y, paso a paso, fue construyendo una trayectoria ejemplar: mozo, stewart, mesero, capitán, gerente… hasta llegar a Director de Alimentos y Bebidas. Pero lo que realmente fue creciendo en ese camino no fue su puesto, fue su forma de servir.

Porque Eloín no sirve por obligación… sirve por convicción.

El rol de Eloín en Ixtapa

Quienes lo conocen saben que no hay horario para él cuando se trata de ayudar. Hay historias que no aparecen en los reportes ni en los indicadores, pero que viven en la memoria de las personas.

Como aquella ocasión en que una familia llegó con un familiar enfermo, cansados del viaje y preocupados. Eloín no solo se aseguró de que estuvieran cómodos; personalmente gestionó atención médica, preparó alimentos especiales fuera de menú y, durante varios días, estuvo pendiente como si se tratara de su propia familia. Al despedirse, la madre, con lágrimas en los ojos, le dijo: “No veníamos a un hotel… veníamos a encontrar paz, y usted nos la dio”.

O aquella noche en que, después de un evento largo, el equipo estaba agotado. Mientras todos terminaban, Eloín se quedó ayudando a recoger, acomodar, limpiar. No porque le tocara. Porque así es él. Uno de los colaboradores le dijo: “Señor, usted no tendría por qué estar aquí”. Y él, con esa sonrisa tan suya, respondió: “Si ustedes están aquí, yo también”.

“Si ustedes están aquí, yo también”.

Ese es Eloín.

Un hombre que no solo lidera… acompaña.

Que no solo dirige… sirve.

Que no solo exige… cree.

La humildad, como su huella más reconocible

Después de más de 30 años de servicio, ha dejado una huella profunda en huéspedes, colaboradores y en todos los que hemos tenido la fortuna de coincidir con él. Su sonrisa es legendaria. Su radar para detectar a quien necesita algo —aunque no lo diga— parece infalible. Anda “cazando” oportunidades para hacer sentir especial a la gente.

Y, sin embargo, su rasgo más grande no es lo que hace… es desde dónde lo hace.

La humildad.

Pero no una humildad de discurso, sino una humildad vivida. De esas que no buscan reconocimiento. De esas que no hacen ruido. De esas que entienden que servir no es rebajarse… es elevar al otro.

En un mundo que muchas veces nos empuja hacia el reconocimiento, el estatus, el poder o la comodidad, Eloín nos recuerda algo mucho más profundo: que el verdadero valor de una persona está en su capacidad de darse.

La humildad, en él, se vuelve acción.

Se vuelve bondad concreta.

Se vuelve presencia.

Se vuelve corazón.

Porque la humildad auténtica no es pensar menos de uno mismo… es pensar menos en uno mismo. Es abrir espacio para el otro. Es estar disponible. Es mirar, escuchar y actuar.

Y eso, en Eloín, no es esfuerzo… es naturaleza.

Por eso hay quienes dicen, medio en broma pero muy en serio, que Eloín es de esas personas que parecen haberse equivocado de planeta y haber nacido aquí por error.

Y qué bendito error.

Porque gracias a ese “error”, muchos hemos sido testigos de lo que significa servir de verdad. No desde la obligación, sino desde el amor. No desde el deber, sino desde el corazón.

Y al verlo, inevitablemente uno se pregunta:

¿Y yo… desde dónde estoy viviendo?

¿Desde el ego… o desde el corazón?

¿Desde lo que puedo obtener… o desde lo que puedo dar?

Eloín no lo predica.

Lo vive.

Y eso… es lo que transforma.

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